Serendipidad

"Serendipidad" significa hallazgo valioso imprevisto. El término no aparece en el Diccionario de la Real Academia Española. Esto no debe extrañar, ya que fue acuñado hace apenas doscientos sesenta años, y todos sabemos que la Real Academia es muy cautelosa al aceptar nuevas palabras: "Las cosas de palacio van despacio".

Serendipidad es la capacidad para hacer descubrimientos por accidente. Serendipia proviene de Serendib o Serendipo, antiguo nombre de Ceilán, país actualmente conocido como Sri Lanka. Serendipia es la castellanización de la palabra inglesa serendipity.

El rey de Ceilán mandó a sus tres hijos a que recorriesen el mundo hasta conseguir objetos imprescindibles que necesitaba su reino. Los príncipes visitaron todas las aldeas, tuvieron notables experiencias y regresaron con hallazgos mucho más valiosos que lo que les pidió su padre. Así lo cuenta magníficamente el escritor inglés Horacio Walpole (1717 – 1797). 

Por serendipidad, Cristóbal Colón descubrió América; Arquímedes logró su famoso principio; Newton, el descubrimiento de la gravedad; Edison descubrió la lamparita eléctrica; Fleming, la penicilina; Haendel compuso la Vida del Mesías; Franklin inventó el pararrayos; Mendeleieff escribió la tabla de los elementos; Einstein desarrolló la teoría de la relatividad.

La ciencia y la tecnología son generosas en historias de descubrimientos valiosos e imprevistos. De mentes abiertas. Desde el montaje en serie hasta los implantes dentales.

No es lo mismo la sagacidad en buscar algo que encontrarlo por mera suerte. No todo en la vida es tener claros los objetivos. También existen los imprevistos valiosos.

Si vamos a la panadería a comprar pan y nos regalan un diamante, ¿los cogemos?. La piedra preciosa no era nuestro objetivo… ¡pero bien vale un hallazgo!

Para que opere el poder de la serendipidad debe existir alta receptividad y originalidad.

Una mente cerrada actúa desde lo conocido. No inaugura. No descubre situaciones sorprendentes.

Enrique Mariscal (Escritor) 

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