Otro año más...

Otro año más llegan las fiestas navideñas, cargadas de colores, ilusiones, sonidos, encuentros y emociones.

No se sabe bien por qué razón, pero la realidad –cuanto menos aparente- es que se produce una sensibilidad entre muchas personas, generándose mejores deseos para nuestros compañeros de este viaje que se llama VIDA.

Nos volvemos más empáticos, más generosos, más cercanos, más comprensivos, más tolerantes. Es como un paréntesis en esta carrera por llegar a ser, estar y tener más que los demás.

 La idea no es despreciable, pero debería –dado que no existe el copyright sobre ella- plagiarse descaradamente el resto del año. Llevar por bandera en nuestro día a día esos sentimientos que nos hacen personas más humanas, valga el término reiterativo.

Comamos turrones, bebamos sidra, reunámonos con los seres queridos y ayudemos a los demás cualquier día del año, manteniendo ese impulso navideño que nos hace irnos a la cama pensando que hemos hecho feliz a otra persona. 

Algo debe cambiar, porque como decía Benjamin Franklin…“Una buena conciencia es una continua Navidad”

Manuel Salgado Fernández

 

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