La vida en pareja

¿Pero quién nos enseña a vivir en pareja?, parece fácil, basta con quererse, tener voluntad, el deseo de compartir tu vida con otra persona. Pero no es así, la realidad es bien distinta. Las estadísticas así lo dicen: “En 2010 se registraron en España más de 127.000 separaciones y divorcios”, según el Instituto de la Mujer, lo cual implica una ruptura legal cada tres minutos y medio, es decir, mientras que lees este artículo se produce una separación en España. Todo esto sin contar con las disoluciones que se dan al margen de la legalidad.

 Es por tanto evidente que no resulta tan sencillo vivir en pareja. Seguro que alguien cerca de nosotros (o nosotros mismos) ha pasado por esa experiencia de no poder, no saber o no querer continuar con una convivencia. Mi intención no es presentar aquí la fórmula mágica, al más puro estilo Harry Potter, aunque sí proponer y comentar determinados elementos que podrían considerarse predictores de una saludable relación de pareja.

 RESPETO:

En referencia al reconocimiento de los derechos de la otra persona y al entendimiento de los propios derechos en base a cómo poder expresarlos sin producir daño objetivo en el prójimo.

Algo así como: “Deja que se exprese y a la vez exprésate, pero no dañes intencionadamente”. 

 

EMPATÍA:

En el intento de entender y comprender al otro miembro de la pareja, aunque con el derecho de aceptar y compartir su criterio o mostrarte en contra, total o parcialmente.

Algo así como: “Escúchale, con el deseo de comprender; acepta su punto de vista si coincides, o recházalo si no lo compartes”.

 

COMUNICACIÓN:

El puente de unión entre dos personas, la esencia de todo, por encima del amor, en tanto en cuanto el amor necesita de la comunicación, entendida ésta como un proceso de doble dirección: hablar y escuchar, dibujado en forma de círculo.

Algo así como: “Dejemos las adivinanzas para mejor ocasión, probemos a decir lo que se siente y piensa, a la vez que se esté atento a lo que nos quieren decir”.

 

Estos tres ingredientes bien mezcladitos aparecen como claves del éxito de muchas parejas, por algo será. El problema es que esto rara vez se enseñan en los colegios, en las propias familias, en los clubes deportivos, etc., es como si tuviéramos que saber compartir nuestra vida con otra persona por cuestiones genéticas, pero ya sabemos que no se nace sabiendo eso.

En otros artículos escribiremos sobre una técnica muy efectiva para la resolución de conflictos entre parejas:

La DNA (Debate, Negociación y Acuerdo). Su puesta en práctica resulta de interés para muchos, porque no debemos tener miedo a la discusión, al diálogo bien entendido, al desencuentro orientado al acuerdo. En realidad lo importante en una pareja no es el desequilibrio, ese estado se puede enderezar, lo verdaderamente delicado es la desestabilización, la estabilidad en una pareja no puede perderse de vista, sino casi todo está acabado.

 

La pregunta del “millón” : ¿Qué provoca que muchas personas se empeñen en mantener la pareja a pesar de todo? 

  

Manuel Salgado Fernández (Vuestro Psicólogo)

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