El aprendiz

Un hombre se dedicaba a enseñar a los demás como debían vivir sus vidas. Les daba consejos sobre qué hacer para estar más felices y contentos. Más seguros de sí mismos.

Todos confiaban en él. Sentían que era una persona con la que podían contar, a la que podían confiar sus más íntimos secretos y del que siempre hallaban una respuesta adecuada.

Este hombre se sentía muy querido por todas estas personas y no dejaba de buscar y recopilar más información para conseguir enseñar y educar desde el interior, para poder mostrar otros caminos, para ayudar a reducir el malestar y el desasosiego, apostando por la búsqueda del bienestar personal.

Un día alguien le dijo: "Menos mal que te tenemos cerca porque siempre nos viene bien una frase tuya, una sugerencia inesperada, algún consejo especial. Saber que podemos contar contigo nos tranquiliza, pues eres una persona que se interesa por nuestras cosas. Para nosotros eres como un Maestro Personal y Espiritual que nos enseña a vivir, que nos tranquiliza y nos transmite su sabiduría".

El hombre agradeció estas palabras y respondió: "No, no soy el maestro que imagináis. Yo aprendo cada día de vosotros, de todos y todas. Sois vosotros los que me enseñáis a como superar mil y una penalidades. La manera cómo afrontáis vuestros problemas, cada situación inesperada que os depara la vida… Yo me siento un verdadero privilegiado por poder conoceros, porque vosotros sois los que me dais la fuerza suficiente, cada día, para seguir adelante".

"Yo no soy el maestro, en realidad soy el aprendiz".

Manuel Salgado Fernández (Psicólogo Clínico)