De ombligos, menesteres y otros temas que a nadie importa.

Un dia, en cierta ventana, vaya por Dios què desgracia, gato arriba, gato abajo, no sè con què intenciones o no, encontrose cierto cervatillo a una gacela hambrienta. Preguntole, èl a la otra, què hacìa ella en dicha incòmoda posición, por cierto tan mala para las lumbares. Arrogante, insultante, casi al borde de la histeria, respondiole al ingenuo: Rascándome el ombligo.

Mantùvose la gacela en su determinaciòn y apareciò un ratoncillo por una de las pequeñas hendiduras que del suelo procedìan. La mirò sin miedo al ser conocedor de su hàbito herbìvoro.

Y cuando èsta se percatò de su presencia, inquiriòle la susodicha què hacìa el desgraciado intentando ocupar su lugar. Respondiò el pequeño animal: "Observando tan bella mañana y èse enorme y abultado ombligo que usted tiene". La gacela, con ciertos aires de soberbia y altanerìa, le argumentò que no estaba abultado, sino que tan sòlo era la manifiesta expresiòn de algo que todavìa no se habìa cerrado.

Ante tal incomprensible respuesta, el menudo animal se retirò de sus antiguos dominios y dejò a la gacela tal y como la habìa encontrado.

Un dìa màs tarde la ventana se abriò y alguien dijo desde el interior: “ He estado buscàndote por todas partes, en huertos y en algùn que otro jardìn ajeno. Pero hete aquì, agazapada como de costumbre. Sabes muy bien que, aunque no eres mìa, el aire de la calle jamàs cerrarà la herida que el abandono abriò. Asì que, entra, porque sòlo tu amor hacia los que te queremos, aun siendo una gacela, es mayor que la pena que sientes.”

Y de ombligos todos sabemos porque de natura es. Y, nos pique o no, hendidura y profunda, lìmite infinito, desagüe y alcaltarilla inverso. Conducto, tuberìa al fin, no màs que flujo de energía.. Y no, por cierto, el CENTRO sino, màs bien, por otro lado, la escoria. Bipolar hasta las entrañas. De retorcidas intenciones anudadas por no sabemos que nudo de dudoso anudamiento para evitar, no sabemos, si idas o venidas. Por èl hemos sorbido hasta desangrar. Por el hemos estirpado, arrebatado, aniquilado…. en definitiva… asesinado a nuestros progenitores hasta el infinito de nuestro instinto por sobrevivir.

A los pocos dìas de tal suceso, la gacelilla cogiò sus bàrtulos y abandonò el hogar. Se llevò tan sòlo un recuerdo de los dos gansos que la acogieron en la calle cuando, todavìa con el hilo umbilical sin cortar, su madre la abandonò frente a la susodicha ventana. La amamantaron con el sobrante de una vieja mastina a la que Dios habìa negado su descendencia, salvo uno. Correteò con el canino cachorro entre juegos y breves agresiones mutuas, sin que nunca llegaran a compaginar el amor debido a la especie.Tan sòlo fue un leve consuelo ante el abandono.

Se dice que la han visto discutiendo con un lobezno de las tierras interiores. Pero yo sè que la enorme herida que arrastra su vientre perdurarà en ella hasta que dè vida y ella misma pueda cortar los lazos que le fueron negados.

Asì que, detesto la expresión “creerse el ombligo del mundo“, aunque sea sòlo para que se consuelen aquellos a los que le està vedado el entendimiento y el amor ajeno.

 

Un amigo anónimo