Los cuarenta y los planteamientos existenciales

Una tarta, dos velas (un 4 y un 0) ó 40 velas, a gusto de cada uno. ¡Qué miedo!, llega la crisis de los cuarenta. ¿Leyenda o realidad?, quizás un poco de todo. Esto es algo así como la depresión posparto, las novatadas en la antigua “mili” o los conflictos adolescentes… Haberlos haylos, pero no es una máxima, no aparecen de manera necesaria.

Realmente estamos hablando de una edad intermedia, de un parada para la reflexión, para valorar qué se ha hecho hasta entonces y qué se va a hacer en el futuro.

Pero no se trata de un análisis descriptivo, sin más, pues lleva implícito muchas cuestiones relacionadas con las expectativas tanto propias como de las personas de nuestro entorno. Es esta palabra… expectativa, en comparación con la propia estimación del presente lo que puede provocar el desencadenamiento de una verdadera crisis de carácter existencial.

Son muchas las dudas que pueden surgirle a una persona en este punto de su vida, posiblemente el momento intermedio, vitalmente hablando y atendiendo a las estadísticas. El planteamiento abarca desde el área más íntima del individuo hasta un aspecto puramente profesional, todo ello en un marco de confrontación entre lo que pudo haber sido y no es, o entre lo que esperaban los demás que uno hubiera sido y no ha llegado.  

Así aparecen cuestionamientos tanto en el auto-diálogo como a nivel externo del tipo: “¿He conseguido todo lo que me propuse?, ¿Estoy haciendo lo que siempre he querido?, ¿Me sirve de algo tanto esfuerzo y sacrificio?, ¿Se sienten los demás –padres, pareja, hijos, amigos, etc. – orgullosos por lo que he alcanzado?”, y así otras muchos tormentos traducidos en interrogaciones. Y sí, digo bien, tor-men-tos, porque algunas personas llegan a atormentarse por encontrar un sentido a su vida que en muchos casos ya lo tiene, no del todo como esperaban, pero seguro no tan nefasto como pueden llegar a percibir.

Paradójicamente en esta lucha por encontrar “algo”, se pierden realidades por el camino. Hablamos de personas que en su afán por dar un giro a su vida laboral se enfrascan en actividades formativas y en un intento desesperado por cambiar su puesto de trabajo, entrando en un riesgo de dilapidar una situación que no ven favorable cuando en verdad lo era. O de personas que se obcecan en pensar que no tienen a su lado a la pareja ideal, algo que sólo les pasa de unos meses para atrás, y pretenden dar un giro de 180º a su vida emocional, provocando todo un terremoto afectivo.

¿Y qué me dicen del estilo ojalatero"?, propio de aquel que utiliza la frustración como la mejor forma de flagelarse y de pasar por alto el presente más inmediato. Nos referimos a frases del tipo: Ojalá hubiera sido piloto de avión”, “Ojalá me hubiera casado más tarde”, “Ojalá hubiera viajado más”, “Ojalá, ojalá y ojalá”. Existe un empeño en imaginar su vida como una película, como un cuento, pero a la vez un desprecio por lo que la vida les da, en este momento, justo ahora, sin pasados sin futuros.

“Los 40” no son una mala edad por excelencia, todo depende de cómo valore cada uno lo alcanzado hasta entonces. Incluso, en ocasiones, puede ocurrir que se necesite el asesoramiento de un profesional, aunque sea incluso de manera puntual, sin que por ello estemos hablando de ninguna patología ni enfermedad, simplemente de una forma de reconducir nuestro camino.

Se puede vivir, más que sobrevivir, a esa edad.

La pregunta del “millón”: ¿Influyen en la auto-valoración las frases que nos dijeron nuestros padres de pequeño?

 

Manuel Salgado Fernández (Vuestro Psicólogo)